El consumo de una gran cantidad de proteínas de origen animal en la dieta cada vez se está haciendo más popular como método para bajar de peso. Sin embargo, no deja de traer consecuencias esta alimentación exclusiva, pues así como se ingieren proteínas, también se incrementa el nivel de grasas saturadas totales al día.
Es ya vox populi que las grasas saturadas, y el colesterol son malos para el corazón, pues terminan creando una placa de grasa que tarde o temprano se romperá para producir un infarto cardíaco, cerebral o renal.
Sin embargo, con la idea de que hay que ir lanza en ristre contra los carbohidratos, y bienvenidan sean las proteínas, no serán pocos los que abandonen las donas y el pan blanco por el pollo frito, porque este último es "libre de carbohidratos"
Por otro lado, está el riesgo de un ataque gotoso en indiviuos suceptibles. En el reino unido, las guías medicas desaconsejan las dietas bajas en calorías y con un nivel alto de proteínas, porque es un factor de riesgo importante para la crisis de gota.
El gancho de estas dietas hiperproteicas es el resultado inmediato que experimenta quien las practica, pero una vez las dejan (que de por sí es insostenible por mucho tiempo), ganan todo el peso perdido inicialmente.